La encontró sentada en la hierba, arropada por miles de estrellas y con una expresión ausente.
- ¿Qué haces aquí fuera tú sola? Te vas a congelar.- y le puso su chaqueta sobre los hombros
- Sentirme insignificante-murmuró ella
Durante diez segundos nadie dijo nada. Se sumieron en un silencio tan incómodo como impenetrable. Finalmente él le pasó el brazo por el hombro y la atrajo hacia sí de forma protectora.
Entonces ella rompió a llorar en silencio.
Hoy recordé que realmente hay pocas cosas que le puedan hacer competencia a un abrazo de los tuyos.
Te echo de menos, hoy más que nunca.
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